Madrid será la capital y tendrá tres millones y medio de habitantes, pero hay algo que en Pamplona tenemos más grande y hasta hace muy poco ni siquiera lo sabíamos.

Se trata de la Mariblanca, y este es nuestro avatar del libro.

La Mariblanca es, sin duda, una de las esculturas favoritas de nuestro PLANETA PAMPLONA. Tanto que cuando empezamos a escribir esta historia pensamos en convertirla en nuestra protagonista, aunque, al final, terminamos decantándonos por San Fermín, nuestro icónico símbolo universal. Aun así, no descartamos darle más protagonismo en un futuro; dadnos solo un poco de tiempo.

El caso es que leyendo sobre nuestra querida Mariblanca de la Taconera descubrimos que también hay otra en la Puerta del Sol de Madrid. Mucho más pequeñita que la nuestra.

Y fuimos a verla.

Después hemos descubierto que también hay otra en Aranjuez, junto al Palacio Real, y en Sacedón, Guadalajara, muy cerca del embalse de Entrepeñas. Pero todas están relacionadas con el agua.

Y también la nuestra: Mariblanca era la figura que coronaba una de las cinco fuentes de Paret que el Ayuntamiento de Pamplona instaló para conmemorar la traída del agua del manantial de Subiza a Pamplona en el año 1792. En realidad, era la fuente más importante, la Fuente de la Abundancia, colocada en la plaza del Castillo. Al menos, estuvo presidiendo nuestra principal plaza desde 1788 hasta 1910 cuando, al parecer, cayó en desgracia y alguien decidió trasladarla a la Plaza de San Francisco, donde también estuvo poco tiempo porque la reemplazaron por la estatua de San Francisco de Asís. Y, en 1927 la llevaron definitivamente hasta la Taconera, uno de los más bonitos jardines de Pamplona, pero tan escondida entre los árboles y flores del parque que son muchos los pamplonautas que ni siquiera conocen su existencia y, mucho menos, su historia.

Nosotros habíamos pensado en una Mariblanca celosilla porque el kiosco de la Plaza del Castillo le había quitado su lugar privilegiado y parte de su protagonismo, pero lo cierto es que Mariblanca esa especie de Venus con su toga blanca y acariciando con su mano a un niño, nos parecía más melancólica que malvada, más digna de miradas y de afecto que dispuesta a la conspiración y la venganza.

Por eso, en PLANETA PAMPLONA le dimos un pequeño espacio en nuestra historia, deseando que todo el mundo quisiera ir a visitarla y convencidos de que, en un futuro, volveremos a hablar de ella y contaremos la historia de esta diosa que solo quiere que la queramos un poco y los habitantes de Planeta Pamplona vayamos a visitarla y hablar con ella un rato.

A propósito: en PLANETA PAMPLONA hemos encontrado que, por nuestra ciudad, en un céntrico lugar del Casco Viejo, Mariblanca tiene una hermana… ¿Algún pamplonauta se atreve a adivinar quién es?

Idoia Saralegui y Alberto Garayoa

Por Idoia Saralegui y Alberto Garayoa

Idoia, escritora, social y pamplonauta y Alberto, empeñado en proyectos de recuperación y aficionado al podcast y la fotografía. Juntos hemos unido aficiones pero sobre todo inquietudes y la mezcla es PLANETA PAMPLONA.

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