Allá por los años 20 de 1900 existían en la entonces pequeña ciudad de Pamplona, unos guardianes del sueño que cuidaban de nuestros ciudadanos, eran 10. Era otro oficio más que hoy vemos con recuerdo en el más allá… pero que trabajaron hasta pasada la primera mitad del siglo XX. También en esas épocas había basteros o guarnicioneros, bauleros, boteros, canteros, casilleros, cedaceros, cesteros, estereros, cordoneros, corseteros, doradores, herreros, cerrajeros, hojalateros, latoneros, plateros, lampistas, planchadores, limpiabotas… y un sin fin de profesiones.

Existia un jefe de serenos y dos serenos, algunos cantaban la hora… las 12 y sereno, las 12 y nublado, las 3 y lloviendo… ja ja ja, eran promulgadores de las noticias, como pregoneros que avisaban si había que levantarse.

Arazuri nos contaba que el más popular por su gran voz era Juanagorria, como celador nocturno que le llamaban EL Pañero. Ellos vigilaban las calles, abrían portales (esos si eran maestros del colgante de metal) y se comunicaban gritando: las doce y todo sereno !!!, y lo que ha cambiado, hoy llamaríamos desde un teléfono móvil a uno de los números adjudicados para urgencias.

Su remuneración dependía principalmente de las propinas y de los «recibos» que algunos vecinos y comerciantes les pagaban mensualmente. Con la llegada de los porteros automáticos en los años 70 esta profesión se vio relegada y extinguida, qué pena…

Entre los años 20 y los 50 la falta de alumbrado público potenciaba ante la delincuencia (muy poca) el acompañamiento de los serenos que con antorchas, velaban (nunca mejor dicho) por la ciudadanía de la parte antigua de la ciudad, la que existía. Más tarde desde mediados de siglo también supervisaban las farolas para dar aviso si no funcionaban, evitaban pequeños disturbios, animales sueltos, incendios.

Su declive parece coincidir con la mejora del alumbrado público, la expansión de la policía municipal y los servicios técnicos de emergencia. Ya en los años 60 en Pamplona empezó a escasear la figura del sereno.

EL legado que han dejado forma parte de la memoria urbana y la gente más mayor todavía guarda como rostros conocidos de la noche. En la cultura local, forman parte de esas «estampas de antaño» que la ciudad recuerda con nostalgia y curiosidad como los guardas urbanos de guantes blancos que se subían en aquellos círculos hechos de madera y autotransportables.

 

Alberto Garayoa Arraiza (Artzain)

Por Alberto Garayoa Arraiza (Artzain)

Empeñado en el proyecto de recuperación del Euskal Artzain, perro de pastoreo vasco desde 1998. Mejor podcast nacional de tecnología. Fotógrafo. LA VIDA ES AHORA...

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