** (la imagen destacada de este articulo está recogida de la web visitpamplonairuna.com)

 

Existe una creencia bastante extendida según la cual el 15 de julio Pamplona recoge los pañuelos rojos, apaga las luces y se convierte en una especie de páramo hasta septiembre. Todos conocemos a alguien que lo dice. A veces, incluso, mientras pasa junto a una plaza en la que hay un concierto, unas murallas llenas de actividades o un parque convertido en cine de verano.

Porque resulta que no.

Después de San Fermín en Pamplona pasan cosas. Muchas cosas.

Es verdad que baja el volumen. Se acaba el estruendo, desaparecen las multitudes de blanco y rojo y volvemos a poder cruzar la Plaza del Castillo sin necesidad de desarrollar técnicas avanzadas de supervivencia. Pero la ciudad no se apaga. Simplemente cambia de música.

Y como en PLANETA PAMPLONA somos muy partidarios de desmontar tópicos —sobre todo cuando nos dan excusa para salir a la calle—, aquí va una pequeña guía para quienes siguen pensando que, terminado San Fermín, solo queda esperar al siguiente.

 

1. Tenemos unas murallas. Y no solo para que salgan bien en las fotos

Hay ciudades que conservan sus murallas. Pamplona, además, les pone música, danza, circo y teatro. Durante el verano, festivales y propuestas como el Festival de las Murallas y el Festival Cinco Puntas convierten la Ciudadela y otros espacios de la ciudad en escenarios al aire libre.

Porque tener unas murallas tan impresionantes para limitarnos a decir «qué bonitas» y seguir caminando sería un poco desperdicio. Mucho mejor llenarlas de vida.

 

2. También existe un invento maravilloso llamado Versionando

Hay canciones que uno escucha sentado. Y hay otras que, por mucho que se esfuerce, no pueden dejarnos quietos. Y eso es Versionando.

El ciclo se ha convertido ya en una de esas citas estivales capaces de reunir a varias generaciones para cantar canciones que conocemos perfectamente… aunque, curiosamente, casi nunca nos sepamos del todo bien. Da igual.

Porque una de las grandes ventajas de cantar en compañía es que siempre puedes dejar que la multitud se encargue de esa frase que no tienes ni idea de cómo sigue. Por eso, Pamplona en verano también es eso: plazas llenas, música conocida y la sospecha de que, durante unos minutos, todos somos bastante mejores cantantes de lo que realmente somos.

 

3. El Caballo Blanco sigue teniendo vistas. Y música.

No descubrimos nada si decimos que el Rincón del Caballo Blanco es uno de esos lugares capaces de hacerte sentir que Pamplona es especialmente bonita. Ya hicimos una encuesta en la que os contamos que el Caballo Blanco es el sitio que más de nuestros entrevistados nombran cuando se les pregunta por su lugar favorito de Pamplona. Pero es que, en verano, además, suele sonar. Los jueves de verano se monta allí una buena. Y, en algunas ocasiones, cuando termina el concierto, todavía te puedes unir al swing al aire libre.

4. Ir al cine sin techo

El verano en el PLANETA PAMPLONA tiene algunas pequeñas tradiciones que deberían estar protegidas por ley. Una de ellas es ver una película al aire libre. Las noches de cine llevan la pantalla a plazas, parques y barrios. Y entonces ocurre algo curioso: de pronto, una noche cualquiera deja de ser una noche cualquiera. Hay sillas. Hay vecinos. Hay niños. Hay quien llega con tiempo para coger buen sitio y quien aparece cuando la película ya ha empezado y tiene que intentar sentarse sin hacer ruido. (Spoiler: no lo consigue nunca).

Porque el cine de verano tiene algo que ningún multisalas ha conseguido copiar: Antes de que empiece la película, ya ha empezado el plan.

5. Incluso el Gayarre sale a la calle

Hay algo bastante maravilloso en que, en pleno verano, el teatro salga de su edificio. Espectáculos de clown, música, títeres e improvisación convierten espacios exteriores en escenarios y demuestran que la cultura no siempre necesita butaca, telón y acomodador. A veces basta una acera, una fachada y unas cuantas personas dispuestas a mirar. Y si además es gratis, ya tenemos otro argumento para responder a quien diga que aquí no pasa nada.

6. También se puede jugar. A lo grande.

Porque no todo va a ser sentarse a escuchar o mirar. El verano también trae juegos, propuestas familiares y actividades en lugares que normalmente recorremos de otra manera. De repente, el Palacio de Ezpeleta puede llenarse de juegos artesanos gigantes y la Ciudadela convertirse en un lugar para ver circo, acrobacias o espectáculos imposibles de clasificar.

7. Y todavía queda el flamenco on fire

Porque si alguien pensaba que el verano pamplonés terminaba en silencio, que se espere un momento. Flamenco On Fire vuelve a recordar cada año que Pamplona tiene una relación especial con la música, el arte y el talento de Sabicas. Durante esos días, la ciudad, sus calles y balcones, se llenan de guitarra, cante, baile y espectáculos.

Y eso tiene algo precioso. La misma ciudad que en julio se despierta con una diana puede, unas semanas después, quedarse en silencio escuchando una guitarra. Porque Pamplona es muchas cosas. A veces solo tenemos que esperar lo suficiente para que nos deje verlo.

 

8. Por no hablar, claro del cierre del verano: el Privilegio de la Unión


Porque, cuando parece que septiembre empieza a pedirnos volver a la rutina, llega el Privilegio de la Unión: una semana en la que Pamplona vuelve a llenarse de historia, actividades, música y propuestas para recordar que esta ciudad tampoco sabe muy bien estarse quieta.

9. Y seguro que nos estamos dejando cosas

Porque además de festivales, conciertos, cine, teatro, actividades familiares y flamenco, agosto y septiembre llegan con el Privilegio de la Unión y sus muchisimas actividades, exposiciones, visitas, propuestas en museos y centros culturales, festivales en localidades de la comarca, como el Baifest, que está a un tiro de piedra o tres paradas de la villavesa.

Así que, cuando alguien te diga:

—Aquí no hay nada.

Tú tienes que contestarle que tal vez no está mirando en el sitio adecuado. Que a veces se asocia tanto a Pamplona con el ruido de nueve días que sí, son intensos e internacionales. Pero, cuando el volumen baja, hay quien confunde ese suave susurro con falta de vida, de ocio y de cultura.  Pero Pamplona no se queda vacía después de San Fermín. Simplemente, cambia de ritmo. Y mientras unos esperan impacientes el próximo 6 de julio, otros están descubriendo un concierto junto a las murallas, una película bajo las estrellas, una actuación en su barrio, una tarde de juegos o una guitarra sonando en una plaza.

Por eso, ahora, os toca hablar a vosotros, pamplonautas

Porque también en PLANETA PAMPLONA estamos mirando hacia lo que viene.

Se acerca un nuevo curso y, sinceramente, estamos lanzados.

Tenemos ideas.  Pero queremos más.

Historias que investigar. Personajes de Pamplona que merecen salir del olvido. El nuevo libro. Rincones que esconden secretos. Curiosidades. Barrios. Rutas. La Pamplona de antes y la de ahora. Preguntas que una lleva años haciéndose y nunca sabe exactamente a quién preguntar.

Así que os toca a vosotros.

¿Qué os gustaría que hiciéramos este curso en Planeta Pamplona?

 

Idoia Saralegui San Sebastián

Por Idoia Saralegui San Sebastián

Quienes me conocen saben que pueden definirme como escritora, social y pamplonauta. Y en este proyecto puedo aglutinarlo todo. NUNCA CAMINARÁS SOLO...

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