Lo primero que me vino a la cabeza al descubrir la historia de Sancha Ramírez fue que sus padres no se complicaron demasiado con los nombres. Ramiro I y su primera esposa, Ermesinda, tuvieron un hijo primogénito al que llamaron Sancho Ramírez. Un par de años después, tuvieron una hija. ¿Y, cómo la llamaron? Sancha Ramírez.

Él acabaría siendo rey de Aragón y, después, de Pamplona.

Ella acabaría siendo condesa, administradora de monasterios, mujer de confianza de la Corona y, durante un tiempo, la persona que administró directamente la diócesis de Pamplona o sede de Iruña, como se la nombra en numerosos documentos.

Si lo pensamos bien, no está nada mal para alguien a quien la historia ha dejado muchas veces simplemente en la categoría de “la hermana de”.

Y es que la historia de esta mujer es enormemente interesante.

Sancha: una infanta que no quiso quedarse al margen:

Sancha nació hacia 1045, hija de Ramiro I de Aragón y Ermesinda de Bigorra. Pertenecía a la familia real, sí. Pero en la Edad Media ser hija o hermana de un rey no significaba necesariamente tener ningún tipo de poder propio. Y, aun así, en su caso ocurrió algo muy diferente a lo que se esperaba de ella.

A Sancha sus padres la casaron con Ermengol III de Urgel, y enviudó cuando solamente tenía veinte años. En muchos otros casos aquella hubiera podido ser la oportunidad de casarla de nuevo para construir una nueva alianza o, si no, hacerla desaparecer de la historia como les ocurría a tantas otras mujeres medievales. Pero ella, en cambio, decidió que no le gustaba estar casada. A ella lo que le apetecía era hacer cosas en la esfera pública. Participar en política, administrar su extenso patrimonio y, ya que no podía ser reina, quiso, al menos, ejercer su autoridad sobre distintos territorios como Santa Cruz de Serós o San Pedro de Siresa, en Huesca.

Y aquí ya tenemos un detalle muy a tener en cuenta: Siresa era una orden masculina y, sin embargo, allí, en el siglo XI, una mujer lo dirigió durante algunos años, lo que nos muestra que Sancha no parecía ser, precisamente, una mujer amiga de los límites que le marcaba el guión.

 

La mujer que gobernó la diócesis de Pamplona:

Sancha estaba muy cercana a su hermano mayor, Sancho, rey de Aragón y de Pamplona. Tan cercana que incluso se cree que cuando el rey repudió a su primera mujer, Isabel de Urgel, se le encargó a Sancha la educación del infante Pedro I de Aragón.

Y así llegamos al año 1082.

Su otro hermano, García Ramírez, era obispo de Pamplona; pero estaba enfrentado a Sancho Ramirez, por cuestiones relacionadas con la organización de la iglesia y las reformas religiosas del momento. Y, entonces, al rey (y hermano mayor de los dos) se le ocurrió una excéntrica idea: destituyó a García Ramirez, llamó a su hermana Sancha y la nombró para dirigir la sede episcopal de Pamplona.

¡Si! Por primera vez en la historia, una mujer estaba gobernando un obispado. El obispado de Pamplona.

Y aquí convendría hacer un pequeño paréntesis… ¿Fue Sancha realmente obispa de Pamplona? Sí… pero con unos cuantos matices que, por mucho que nos pueda la leyenda, si queremos ser creíbles, tenemos que señalar: Sancha no había sido sacerdote, ni sabemos siquiera si fue ordenada y consagrada como obispo, en sentido canónico. Pero, en cambio, lo que sí sabemos es que gobernó la diócesis de Pamplona al menos entre el 1082 y el 1083; y por eso se la conoce popularmente como la obispa de Pamplona aunque es cierto que, históricamente, sería más preciso hablar de ella como administradora de la sede de Iruña.

Pero, sinceramente, en PLANETA PAMPLONA, cuando comenzamos a estudiar a mujeres que habían hecho cosas extraordinarias en nuestra ciudad, ese matiz no nos hizo pensar que la historia fuera menos digna de ser contada. Más bien, al contrario, porque no podemos olvidar que estamos hablando de una mujer del siglo XI a la que se le confió el gobierno del conjunto de la iglesia de un reino. ¡Hace casi mil años aquella mujer, no quiso ser una figura decorativa en el reino de Pamplona! Ella vivió en un mundo en el que se esperaba que las mujeres, sencillamente, se casasen, gestionaran sus casas, tuvieran hijos y, sobre todo, permanecieran dentro de unos límites claros. Y, sin embargo, fue una mujer que administraba, que decidía, que negociaba y que sabía gobernar.

A mi, sinceramente, la primera pregunta que me surgió al embarcarme en la búsqueda de las hijas de Iruña fue… ¿Por qué sabemos tan poco de ella? Es una pregunta que me ha acompañado todo el camino que he hecho (y sigo haciendo) persiguiendo a mujeres extraordinarias de la historia de Pamplona. Y en muchos casos, como en este, la respuesta es, sencillamente: tal vez, simplemente, Sancha tuvo que permanecer escondida detrás de los hombres que la rodeaban. Hija de Ramiro, hermana de Sancho, viuda de Ermengtol. Casi como si fueran sus principales datos biográficos.

Y no.

Sancha merece ser recordada por lo que fue y lo que consiguió. Y ya iba siendo hora de reescribir su nombre.

Por eso forma parte destacada de las hijas de Iruña y pronto, muy pronto, le daremos voz y personalidad propia para que todas y todos la volvamos a ver.

Idoia Saralegui San Sebastián

Por Idoia Saralegui San Sebastián

Quienes me conocen saben que pueden definirme como escritora, social y pamplonauta. Y en este proyecto puedo aglutinarlo todo. NUNCA CAMINARÁS SOLO...

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