Hay mujeres que hacen de una ciudad su casa. Y otras que necesitan conocer mundo para descubrir hasta dónde puede llegar su propia voz.
Rita Aguinaga y Emiliana Zubeldía fueron dos grandes músicas navarras. Dos mujeres de una misma época, con una pasión común y dos caminos completamente diferentes.
Una echó raíces en Pamplona. La otra cruzó el océano. Y, sin embargo, las dos eran dos auténticas hijas de Iruña, de esas que siempre llevan la ciudad consigo.

Rita, una voz de Pamplona

Rita Aguinaga nació en Tuy, Pontevedra, en 1912. Su madre era gallega y aficionada a la música; tocaba la guitarra y transmitió a sus hijas el amor por ella. Cuando murió la familia regresó a Pamplona y se instalaron en la calle del Carmen. Rita tenía 15 años y quería cantar en el Orfeón Pamplonés, así que no paró hasta que Remigio Múgica, su director, la escucho y no solo la nombró solista sino que también ofreció un puesto a varias de sus hermanas, haciendo de aquella familia una saga a lo Sonrisas y Lágrimas o, más actualmente, a la Kelly Family.
A partir de entonces Rita se convirtió en la voz femenina más reconocible del panorama musical pamplonés y tanto su vida profesional como la personal (hermanas, hijos…) estuvo siempre fuertemente ligada al Orfeón. Ella no necesitó marcharse para encontrar su hueco. Su lugar estaba aquí, en el centro mismo de Pamplona donde falleció en 1986.

Emiliana, una mujer sin fronteras

Emiliana de Zubeldía, por su parte, nació en Salinas de Oro en 1888, aunque su familia se trasladó pronto a Pamplona buscando mejores oportunidades educativas para sus hijos. Y quizá sea difícil encontrar una niña que tuviera tan claro desde tan pronto que la música iba a ser su vida.
Empezó a estudiar piano siendo muy pequeña, continuó su formación en Madrid y después marchó a París, donde estudió composición y piano. Poco después llegaron los viajes.
En 1928 inició una gira por América del Sur. Pasó por Brasil, Uruguay y Argentina y en 1930 llegó a Nueva York, donde entró en contacto con diferentes músicos y, sobre todo, con el mexicano Augusto Novaro. Aquel encuentro cambiaría su vida porque Emiliana quedó fascinada por sus investigaciones musicales y en 1937 se trasladó a Ciudad de México, donde permaneció durante una década.
Y allí comenzó una nueva etapa de su vida: compositora, pianista y profesora.
Después llegó Hermosillo.
En 1947 fue invitada por la Universidad de Sonora para dirigir su escuela de música. Allí fundó y dirigió el Coro Universitario y dedicó casi cuarenta años a la enseñanza, la composición y la divulgación musical. Emiliana llegó a convertirse en una figura fundamental de la vida musical de Sonora y murió en Hermosillo en 1987.

Dos caminos: una misma raiz. 

Rita y Emiliana amaban la música pero para vivir por ella hicieron prácticamente lo contrario. Rita se quedó en Pamplona y construyó su vida alrededor del Orfeón Pamplonés. Emiliana se fue a recorrer Europa y América y terminó convirtiéndose en una figura fundamental de la música mexicana.
Pero las dos fueron unas mujeres extraordinarias que tuvieron una ciudad como eje: una ciudad, Pamplona, que fue el punto de partida para una y el punto de llegada para la otra. Nos recuerdan que las raíces no solo sirven para quedarse: a veces sirve también para volar.
Por eso, desde PLANETA PAMPLONA hemos querido recordarlas juntas. Porque las dos compartían la música como una pasión que lo ocupaba todo. Y también porque las hijas de Iruña no son todas iguales. No tienen por qué serlo para ser imprescindibles y para que las debamos nuestro homenaje y nuestra memoria
Idoia Saralegui San Sebastián

Por Idoia Saralegui San Sebastián

Quienes me conocen saben que pueden definirme como escritora, social y pamplonauta. Y en este proyecto puedo aglutinarlo todo. NUNCA CAMINARÁS SOLO...

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