Hay mujeres que pasan a la historia por lo que hicieron. Otras, por lo que se dice que hicieron. Y luego están las que pasan siglos escondidas detrás del nombre de un hombre.

María Pancracia de Ollo de la Mata nació en Pamplona en 1798 y vivió una buena parte de su vida en el número 25 de la calle del Carmen, precisamente dónde hoy está el Comedor Municipal On Egin. Y yo, que soy un poco friki con estas cosas siempre he pensado que es un precioso símbolo para alguien que lleva a su espalda la leyenda sobre la invención de la tortilla de patatas…

El caso es que Pancracia, en 1820 se casó con Tomás de Zumalacárregui en la parroquia de San Miguel. Él acabaría convirtiéndose en uno de los generales más conocidos de la Primera Guerra Carlista; ella, en cambio, tendría que luchar una batalla mucho menos celebrada: la de sacar adelante a su familia cuando la guerra decidió que su vida también formaba parte del campo de batalla.

Porque Pancracia fue madre de cuatro hijas. Tenía una casa, una familia y una vida propia. Pero en 1834, durante la guerra, las autoridades liberales la utilizaron a ella y a sus niñas para intentar presionar a su marido. Pancracia fue recluida en el convento de las Agustinas Recoletas de Pamplona junto a dos de sus hijas. La pequeña Micaela, que apenas tenía un año, fue separada de su madre y llevada a la Inclusa. No hace falta haber sido madre para sentir el dolor que tuvo que suponer aquella separación. La guerra no solo se libraba en los caminos y los campos: también entraba en las casas, cruzaba las puertas de los conventos y alcanzaba a quienes nunca habían empuñado un arma.

Después llegaron el exilio, la confiscación de los bienes familiares y años de dificultades. Tomás murió en 1835, pero para Pancracia la guerra no terminó con la muerte de su marido. Tuvo que seguir adelante lejos de su ciudad y sufrió nuevas pérdidas: dos de sus hijas murieron en 1851 y 1852 y ella falleció en Vitoria en 1865. El Museo Zumalakarregi recoge que llegó a ser conocida como «la generala». Un apodo que suena casi a título militar, aunque desde PLANETA PAMPLONA creemos que su verdadera hazaña fue sobrevivir a todo aquello.

Y ahora viene la tortilla.

Cuenta una leyenda que Tomás de Zumalacárregui preparó un plato nutritivo con patatas y huevo, para alimentar a la tropa en tiempo de escasez. No creo que prácticamente nadie vea a aquel guerrero blandiendo una sartén en medio de la guerra e inventando una receta… Por eso, en PLANETA PAMPLONA queremos creer que fue su mujer, Pancracia, la que en tiempos de hambruna, decidió despertar su imaginación en los fogones y, tal como cuentan algunos, creó la tortilla de patatas con lo poco que tenía para poder alimentar a sus hijas. Al fin y al cabo, el hilo conductor de las hijas de Iruña teje con fuerza la historia de esta ciudad y la tortilla de patatas no es tan diferente a la fritatta que hacían las vascorromanas en los siglos I y II

Porque la historia se centra en las fechas de las batallas, en las luchas, en los generales, en las muertes y las conquistas… y tal vez sea el momento de que empiece a pensar quien estaba en los fogones, quien creaba, quien cuidaba a las familias y quienes eran las que recogían los pedazos de la vida cuando la guerra lo desordenaba todo.

Quizás Pancracia nunca inventó esa tortilla, aunque yo sigo creyendo que sí lo hizo, pero fue una hija de Iruña cuyo nombre quedó completamente eclipsado por el de su marido. Incluso el título que le regaló la historia (“la Generala”) no deja de ser otra forma de ocultarla tras el aura de Tomás de Zumalacárregui.

A veces, para devolverle a una Hija de Iruña su papel en la historia, necesitamos atribuirle poderes extraordinarios que la hagan alguien original y fácil de recordar. Con Pancracia es la invención de la tortulla de patatas; pero de lo que no hay duda es de que ella nació y creció en Pamplona, vivió en la C/ del Carmen nº 25, un portal en el que, según cuentan, hasta su última reforma las barandillas estaban hechas con escopetas de la guerra carlista, no sé si alguien guardará fotografías de aquello. Formó una familia de mujeres y tuvo que sufrir el encierro, el exilio y algunas pérdidas que ninguna leyenda gastronómica, en realidad, podrá contar por completo.

Porque, a veces, para devolver a una mujer su lugar en la historia solo hace falta dejar de contarla como la esposa de alguien únicamente. Y si a PLANETA PAMPLONA la tortilla nos ha servido para llegar hasta Pancracia e, incluso darle un lugar en nuestro próximo libro, habrá que celebrarlo. En la Historia, como en la cocina, se termina hablando de quien se lleva el mérito. Y ya va siendo hora de acordarnos también de todas las personas (tan a menudo mujeres) que estuvieron detrás de los logros obtenidos.

Idoia Saralegui San Sebastián

Por Idoia Saralegui San Sebastián

Quienes me conocen saben que pueden definirme como escritora, social y pamplonauta. Y en este proyecto puedo aglutinarlo todo. NUNCA CAMINARÁS SOLO...

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

five + five =

This site is protected by wp-copyrightpro.com