En esta apasionante aventura de descubrir a las mujeres extraordinarias de Pamplona, vamos encontrando reinas, artistas, maestras, mujeres valientes y otras muchas cuyos nombres apenas han llegado hasta nosotros. Cada historia nos recuerda que nuestra ciudad está llena de mujeres que merecen ser recordadas.

Hasta ahora, las mujeres que hemos ido incorporando a Las hijas de Iruña formaban todas parte también del próximo libro de PLANETA PAMPLONA. Pero hoy hacemos una excepción.

Durante los últimos días he tenido la suerte de participar en un proyecto precioso, 27-27. Las sinsombrero navarras, que me ha permitido acercarme a una mujer a la que llevaba tiempo queriendo conocer mejor. Ella se llama Carmen Baroja Nessi. Y, después de dedicarle unas cuantas horas de lectura e investigación, he sentido que no podía dejarla fuera de esta colección. Quizá no aparezca en el libro, pero también merece tener aquí su espacio, su historia y nuestro recuerdo.

Porque Carmen fue mucho más que la hermana de Pío Baroja.

Nació en Pamplona el 10 de diciembre de 1883, en una familia que acabaría ocupando un lugar destacado en la cultura española. Fue hermana del escritor Pío Baroja y del pintor Ricardo Baroja, esposa del editor Rafael Caro Reggio y madre del antropólogo Julio Caro Baroja y del cineasta Pío Caro Baroja. Apellidos ilustres, talento a raudales y una familia que parecía destinada a pasar a la historia.

Pero ¿qué lugar quedaba para Carmen?

Desde joven mostró una enorme curiosidad intelectual y artística. Aprendió idiomas, se interesó por las artes decorativas y encontró en la orfebrería una forma de expresión propia. En 1906 viajó a París, donde conoció otros ambientes culturales y reforzó su deseo de vivir con mayor independencia. Su trabajo artístico obtuvo reconocimiento en las Exposiciones Nacionales de Bellas Artes. No era una aficionada que se entretenía entre las obligaciones domésticas: tenía conocimientos, sensibilidad y capacidad para desarrollar una carrera.

También fue escritora, investigadora y estudiosa de las tradiciones populares. Publicó El encaje en España en 1933, una obra relevante sobre esta artesanía, escribió cuentos infantiles bajo el seudónimo de Vera de Alzate y trabajó en proyectos relacionados con el patrimonio y las colecciones del Museo del Pueblo Español.

Y, sin embargo, su vida estuvo atravesada por las limitaciones que tantas mujeres de su época conocieron. Mientras sus hermanos podían dedicarse a sus vocaciones, a ella le correspondieron también las tareas familiares y domésticas que consumían buena parte de su tiempo. Es decir, se trataba de una mujer a la que, desde luego, el talento no le faltaba; las oportunidades, en cambio, no siempre estuvieron a su alcance.

Pero ella era una mujer con grandes inquietudes y, en 1926 participó en la fundación del Lyceum Club Femenino, una asociación que reunió a mujeres interesadas en la cultura, el arte y la independencia intelectual. Aquel mismo año colaboró en El Mirlo Blanco, un proyecto teatral innovador que contribuyó a renovar la escena española.

Quizá uno de los testimonios más valiosos que nos dejó sea Recuerdos de una mujer de la generación del 98, las memorias que escribió en sus últimos años y que no se publicaron hasta 1998. En sus páginas aparece una mujer que observa, recuerda y reflexiona sobre su tiempo, pero también sobre las dificultades de vivir con una vocación propia cuando el mundo espera de ti, ante todo, que seas hija, hermana, esposa y madre.

Porque Carmen no se limitó a contemplar desde fuera el mundo cultural de su familia: también formó parte activa de él y abrió espacios para que las mujeres pudieran crear, compartir ideas y hacerse escuchar. Y esta parte es la que más me ha fascinado de ella; lo que me ha movido a intentar recuperarla un poco. No para enfrentarla a los hombres de su familia ni para restarles méritos, sino para preguntarnos por qué sus nombres ocuparon tanto espacio mientras el suyo quedó tantas veces relegado a una nota biográfica.

Y por eso, esta vez, en PLANETA PAMPLONA, queremos detenernos en ella.

Porque las Hijas de Iruña no son solo las mujeres que alcanzaron la fama. También son aquellas que tuvieron talento y proyectos, que lucharon por abrirse camino y que, por las circunstancias de su tiempo, no pudieron llegar tan lejos como merecían pero, como en el caso de Carmen, aun así supieron buscar vías para abrir el camino de las demás.

Porque Carmen Baroja nació en Pamplona, vivió entre grandes nombres y construyó una obra propia. Ya va siendo hora de que, cuando pronunciemos el apellido Baroja, también nos acordemos de ella.

Idoia Saralegui San Sebastián

Por Idoia Saralegui San Sebastián

Quienes me conocen saben que pueden definirme como escritora, social y pamplonauta. Y en este proyecto puedo aglutinarlo todo. NUNCA CAMINARÁS SOLO...

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